Pablo Picasso en la Colección Suñol Soler
Buste de femme à a la bluse jaune
París, 1943
Collage sobre tablex
65 × 60 cm
Christian Zervos, París, Cahiers d’Art, 33 volúmenes; vol. XII, 1983, núm. 256
Colección Suñol Soler
Esta obra fue realizada en el taller de la calle Grands Augustins de París, en plena ocupación alemana. Picasso utiliza las tijeras y las manos para ir dibujando una cabeza de mujer, que después encola sobre un soporte y a la que colorea los rasgos más precisos —ojos, labios, cejas— y engalana con un medallón o flor formado por trocitos de papel de diferentes colores que contrastan con el amarillo de la blusa.
A pesar de su originalidad, el retrato no representa una obra aislada, sino que se relaciona con otras obras de características similares. La capacidad creadora de Picasso en el terreno del collage y del assemblage lo acompaña en diversas fases de su producción, desde el cubismo hasta los años sesenta, manteniendo siempre su riqueza inagotable. El carácter directo de los materiales dota a la obra de arte de una belleza primitiva portadora de ideas sorprendentes y sensuales.
En estas mismas fechas, Picasso realiza varias esculturas que moldea a partir de elementos que encuentra, como Cabeza de toro, para la que utiliza un sillín y un manillar de bicicleta; Mujer del vestido largo, donde ensambla la cabeza y un brazo modelados en yeso a un maniquí de sastre; o la Venus del gas, en la que el quemador y la tubería de una estufa de gas se convierten en una figura femenina. Es también en estos meses cuando, para distraer a su compañera Dora Maar, el artista elabora sus personajes rasgando y rayando o cortando diversas servilletas de papel. En estos recortables encontramos un cierto paralelismo con unas obras de infancia, creadas en 1890 con papel recortado para que jugasen sus hermanas; con los instrumentos musicales cubistas formados con papeles, cartones y otros elementos cotidianos; con los juguetes que realiza para sus hijos —primero para Maya y más tarde para Claude y Paloma—; y con las esculturas en chapa de los años cincuenta.
Gracias a una fotografía de Georgette Chadourne, realizada en 1945 en el domicilio de Paul Éluard en la calle Chapelle, número 35, de París, sabemos que este collage formó parte de la colección del poeta.
Aunque se conocían desde la década de 1920, en 1935 Paul Éluard pasa a formar parte del círculo más íntimo de Pablo Picasso, y hasta la muerte del poeta mantuvieron una inquebrantable amistad. Durante un largo periodo que encadenó la guerra civil española, la Segunda Guerra Mundial y la liberación de Francia, la relación entre ambos genios se fue consolidando hasta formar una especie de bloque, un dúo que comparte puntos de vista y que coincide en el ámbito artístico y de creación, así como en el ámbito afectivo y en su orientación política.
Esta amistad dio lugar a vivos e intensos intercambios artísticos: Éluard es el embajador de Picasso en España con motivo de la exposición del artista organizada por el grupo ADLAN (Amics de l’Art Nou) en 1936, y desempeña un papel clave en el desarrollo de la faceta de compromiso político, tanto en la guerra civil española como en su compromiso con los movimientos pacifistas tras la Guerra Mundial, que lo lleva a gestar toda una iconografía en torno a la paz. Éluard escribe poemas sobre Picasso, quien a su vez ilustra numerosos libros del poeta y también colecciona obras de Picasso, bien compradas, bien regaladas por el propio artista.
El poeta compiló obras de Picasso en diferentes momentos de su vida: se ha calculado que pasaron unas 65 piezas por su colección, que era fluida, con obras que entran y salen. Ya en 1924 vendió algunas obras del periodo rosa y cubista de Picasso, compradas probablemente en alguna de las ventas de Kahnweiler. Tras esta venta, Éluard compra y vende, a veces como intermediario y otras como asesor gracias a su proximidad con Picasso, Dalí o Ernst. Acuciado por problemas económicos, Éluard no dudaba en vender obras que le habían regalado sus amigos artistas, como, por ejemplo, en 1933, el libro de bibliófilo Las metamorfosis de Ovidio, que le había obsequiado Picasso, o, en 1938, el reciente retrato de Nusch. Tras la venta de su colección a Roland Penrose en 1938, Éluard constituye una nueva colección Picasso, con obras que, en su mayoría, son regalos del artista, lo que demuestra la permanente generosidad picassiana con sus amigos.
En 1943, Éluard visita con frecuencia el taller de la calle Grands Augustins y es probablemente en una de esas visitas cuando Picasso realiza el retrato —mezcla de los rasgos de Dora Maar y de Nusch Éluard— y se lo regala al poeta, acuciado por problemas financieros y de censura. El poeta lo expone en su domicilio, pero poco después de finalizar la guerra lo vende a la Galerie Louise Leiris, regentada por el mítico marchante del cubismo Daniel-Henry Kahnweiler. Desde los años cuarenta, Busto de mujer con blusa amarilla ha recibido la atención de los investigadores y se ha incluido en importantes estudios de la obra picassiana. En 1979 fue adquirida por el coleccionista y filántropo Josep Suñol Soler y, actualmente, forma parte de la Colección Suñol Soler que conserva y difunde la Fundació Suñol. Ha sido solicitada para participar en numerosas y relevantes exposiciones relacionadas con el artista, el surrealismo y el collage, entre las que destacan Picasso 1881-1973. Exposición Antológica en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid y en el Museu Picasso de Barcelona, 1981-1982; Pablo Picasso, Paul Éluard. Una amistad sublime en el Museu Picasso de Barcelona, 2019, y en el Musée d’art et d’histoire Paul Éluard de Saint-Denis, 2023; y Miró/Picasso, exhibida conjuntamente en la Fundació Joan Miró y el Museu Picasso de Barcelona, 2023-2024.
Malén Gual
Conservadora del Museu Picasso de Barcelona (2007-2021)
Arxiu complementari
Compartir